miércoles, 10 de diciembre de 2008

William McNichols, Nuestra Señora del Nuevo Adviento


— William McNichols, Nuestra Señora del Nuevo Adviento (1991)


— J. S. Bach, Comienzo del Oratorio de Navidad.



En 1991, el arzobispo Stafford solicitó al Vaticano un día de fiesta dedicado a Nuestra Señora del Nuevo Adviento para la archidiócesis de Denver, en los EEUU y, como respuesta, recibió la fecha del 16 de diciembre, tal día como hoy. Tras conocer la noticia, encargaron al jesuita Padre McNichols la creación de un icono que refleje esta advocación de la Virgen. El propio autor explica su significado así: «Ambas representaciones son expresión de las muy veneradas y sanadoras imágenes de Nuestra Señora del Signo. En los iconos bizantinos se ve con mucha frecuencia a Nuestra Señora del Signo en lo más alto de la escala de Jacob y en medio de la zarza ardiente ante Moisés. En estos iconos de muestra a la Madre de Dios en la postura orante, con las manos alzadas. El Santo Niño o Cristo Emmanuel, resplandece desde la mandorla con forma de almendra, o mandala circular, de su vientre, o se encuentra como Niño Rey en el arco formado por el pliegue de las vesiduras de la Madre. Las letras que hay junto a la Virgen Madre, MR OY, son la abreviatura griega de “Madre de Dios”. Las letras junto al Niño, IC XC, significan Jesucristo. En ocasiones hay joyas en el halo del Niño o las letras WON, que significan su divinidad: “Yo soy el que soy”».
Si te fijas bien, verás que el Niño tiene rostro de adulto. Es Hijo de Dios e Hijo de María, divino y human, anciano y recién nacido. Las tres barras de su corona son una referencia a la Trinidad y el Niño está vestido de rojo porque es víctima y sacerdote, ofrecido como sacrificio y, al mismo tiempo, se ofrece a sí mismo y ofrece el mundo al Padre. Las flores que el Niño tiene en la mano son columbinas, la flor del Estado de Colorado en EEUU, del latín columbinus, que significa “de la paloma”, un antiguo símbolo del Espíritu Santo.
En el icono, María tiene un vestido púrpura, el color de la realeza y el color litúrgico también del Adviento. Es la reina de los cielos que lleva a la tierra hacia el segundo adviento. Su halo simboliza santidad, obediencia y entrega a Dios. Las estrellas que hay en la frente y en los hombros declaran que es siempre virgen, que pertenece a Dios en primer lugar y principalmente y que está consagrada a la venida del reino de su hijo. Los puños de oro con joyas en las mangas los llevan con frecuencia las reinas, como signo de intercesión por el pueblo, y sus manos están alzadas en actitud de súplica, como un sacerdote ora en nombre de su pueblo. Ésta es la mujer de la alabanza, la mujer profeta, la que canta y defiende el honor de Dios y la llegada de la justicia para los pobres de la tierra.
Vas a escuchar el comienzo del Oratorio de Navidad del genial J. S. Bach. A lo largo de todo el oratorio Bach narra los misterios de la Navidad. Este grandioso coro que escuchas da idea de lo grandioso del acontecimiento que celebramos. ¡Es la invitación al triunfo y la alegría porque el Salvador viene a nosotros!

1. Contempla la imagen y vuelve a leer la descripción del icono. ¿Qué símbolo o color o aspecto te llama más la atención y por qué?

— Me llama la atención las tres barras de la corona de Jesús, al simbolizar que ya desde pequeño sabía que era el Hijo de Dios y que junto a Dios y al Espíritu Santo formaban una misma persona Salvadora del mundo (!).
— Creo que el color que mejor concuerda con la canción es el púrpura, ya que expresa poder, pertenece a la realeza, y si se escucha la canción, se ve muy bien plasmada ésta.
—Me llama la atención el fondo de la Virgen, de color azul, símbolo de su pureza, como queriendo representar también el mar, como si estuviera abrazando desde el mar a toda la tierra.


2. Estás contemplando a Nuestra Señora del Nuevo Adviento. El adviento es el tiempo de la esperanza. ¿Qué esperas tú de Dios? Escríbeselo aquí:
— Yo espero que nunca me deje solo en lo bueno y en lo malo.
— Nada en especial, sólo lo que él espere de mí.
— Espero que venga a despertar a este mundo en el que estamos, que nos despierte porque estamos dormidos, que venga a nuestras vidas, que le proclamemos, que no nos avergoncemos de él, pues si no, estamos perdidos.
— Espero que exista.


3. A partir de mañana, la liturgia nos propone estas preciosas antífonas o frases para prepararnos de cara a la Navidad. Medítalas despacio y elige cuál te gusta más y explica por qué. Terminaremos rezándolas todos juntos.
— Me gusta la última, porque resume la misión de Cristo.
— Todas son similares, todas ensalzan al Señor.
— La última es la que más me gusta, porque expresa mi deseo de que todas las naciones lleguen algún día a un acuerdo y todos vivamos en paz.
— La última, porque indica su divinidad.
— Elijo la última, porque me parece la más sensata.


Oh Señor,
Pastor de la casa de Israel,
que conduces a tu pueblo,
ven a rescatarnos por el poder de tu brazo.
Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

Oh Sabiduría,
salida de la boca del Padre,
anunciada por profetas,
ven a enseñarnos el camino de la salvación.
Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

Hijo de David,
estandarte de los pueblos y los reyes,
a quien clama el mundo entero,
ven a libertarnos, Señor, no tardes ya.
Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

Llave de David y Cetro de la casa de Israel,
tú que reinas sobre el mundo,
ven a libertar a los que en tinieblas te esperan.
Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

Oh Sol naciente,
esplendor de la luz eterna
y sol de justicia,
ven a iluminar a los que yacen
en tinieblas y en sombras de muerte.
Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

Rey de las naciones
y Piedra angular de la Iglesia,
tú que unes a los pueblos,
ven a libertar a los hombres que has creado.
Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

Oh Emmanuel, nuestro rey,
salvador de las naciones,
esperanza de los pueblos,
ven a libertarnos, Señor, no tardes ya.
Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

martes, 9 de diciembre de 2008

Anónimo, San Juan Bautista


— Anónimo, icono sirio

— L. van Beethoven, Quinta sinfonía, Allegro con brio

Seguimos caminando juntos, seguimos avanzando por los senderos del adviento hasta que Dios pueda nacer en nuestros corazones. Hoy nos encontramos con un personaje fuerte, que no se casa con nadie, un “tío legal” como diríamos hoy en día, mano de terciopelo en guante de hierro. Es Juan, el bautista. Nos cuenta San Lucas que su nacimiento también fue prodigioso, pues sus padres, Zacarías e Isabel eran ya demasiado mayores a los ojos del mundo para tener familia. Pero para Dios nada hay imposible...
Fíjate en la imagen de hoy. Ya sabes lo que es un icono, pero éste no es griego, sino sirio; por eso ves que la cartela o pergamino desenrollado que muestra Juan el Bautista está escrito en árabe. En los primeros siglos del cristianismo allí se desarrollaron comunidades florecientes que perviven todavía hoy aunque en condiciones muy distintas, pues habitan en países de mayoría musulmana.
Una característica de los iconos es poder presentar al personaje juntando distintos episodios. De hecho si te fijas, verás que es un magnífico resumen de la vida de Juan el Bautista. Mira el ángel en la parte superior derecha. Es el que anuncia a Zacarías, su padre, que el niño va a nacer. Juan el bautista es el profeta sincero y austero que proclama la conversión. Nos cuentan Los evangelios que viste una piel de camello y habita en el desierto, retirado de los afanes del mundo. Es la figura central, que sostiene el pergamino con la Palabra de Dios. Juan no es la Palabra, sino su vocero, altavoz y amplificador. En la parte izquierda ves un árbol esquelético (¿autóctono del desierto?) con un hacha en su tronco. Se refiere a las palabras del mismo Juan que recoge San Lucas: “el hacha está ya puesta a la raíz de los árboles. Por lo tanto, todo árbol que no dé buen fruto será cortado y echado al fuego”. Encuentras también la cabeza cortada del Bautista recordando su trágico martirio. Como Juan no tenía pelos en la lengua criticó al rey Herodes (no el de los santos inocentes, sino su sucesor) que estuviera conviviendo con Herodías, la mujer de su hermano Felipe. El caso es que harto de tanta historia, Herodes mandó encarcelar a Juan, pero no se atrevía a más porque respetaba al profeta. Pero llegó el día del cumpleaños del rey y la hija de Herodías danzó también ante toda la corte que el rey le prometió lo que quisiera. Su madre le indicó que pidiera la cabeza del Bautista y así terminó el ministerio de Juan, mártir por el reino de Dios.
Escuchas el primer movimiento de la quinta sinfonía del genial Beethoven. Está escrita en tono menor y por eso tiene ese carácter de fuerza, de lucha entre el bien y el mal que caracterizó la vida de Juan el Bautista. Pero hay también momentos más dulces, serenos, de alegría contenida.

1. Fíjate en la imagen y déjate llevar por la música. Vete recorriendo los distintos momentos de la vida del Bautista e intenta pensar en tu propia vida. Intenta distinguir cómo la música se hace más alegre o más violenta según el caso. Deja que afloren recuerdos, emociones y sentimientos. ¿Qué sientes, qué acontecimientos o personas recuerdas? Trata de escribirlo:
Es como si hubiera un problema que se va solucionando.
— Fuerza y alegría.
— Recuerdo a los que ya no están entre nosotros y la alegría de la Resurrección. Sentir no sentiría nada pero es una música y un cuadro noble ya ala vez con toques trágicos y alegres.
— Siento que va a ocurrir algo bueno en los momentos de menos violencia de la música, pero de repente se presenta un obstáculo.

2. San Juan Bautista fue profeta ¡y de los buenos! ¿Y tú? ¿Serías capaz? ¿Crees que necesitamos profetas en nuestro tiempo? ¿Para qué? ¿Qué digan qué? ¿Estarías dispuesto a ser tú uno de ellos? ¿Por qué?
— Yo sí sería capaz, pues es un honor llevar la Palabra de Dios al mundo y todos los hombre.
— No, porque en este tiempo te tomarían por loco.
— ¿Yo? No sé si sería capaz. Si necesitamos profetas que anuncien a Jesús en todo el mundo y en todos los lugares ya evangelizados. Pero yo, no sé, no sería capaz, con las dudas que tengo, no sé. “Nunca digas no”.
— Creo que sí vendrían bien unos cuantos profetas para hablarnos de Jesús y de Dios porque la religión la tenemos un poco olvidada en nuestra sociedad. Yo no querría ser uno de ellos.
— Creo que sí, que necesitamos profetas en nuestro tiempo, ya que el mundo está muy necesitado de un Mesías salvador que le perdone el pecado. Que dijeran la palabra de Dios; creo que sí, estaría dispuesto a ser uno de ellos, porque estoy listo para transmitir la palabra de Dios.


3. ¿Sabes por qué a San Juan siempre se le presenta con un cordero? Lee este texto y lo sabrás: “Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos. Fijándose en Jesús que pasaba, dice: «He ahí el Cordero de Dios.» Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús. Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: «¿Qué buscáis?» Ellos le respondieron: «Rabbí - que quiere decir, "Maestro" - ¿dónde vives?» Les respondió: «Venid y lo veréis.» Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Era más o menos las cuatro de la tarde. Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús”. ¿Qué habrías hecho tú si hubieras estado con Juan en ese momento? En caso de irte con Jesús, ¿cómo imaginas que sería aquel día, qué harían, de qué hablarían?
— Seguramente habría seguido a lo mío y no habría seguido a Jesús.
— Ir con él, sólo Dios lo sabe.
— Creo que sería un día mágico.
— Seguirle. Habría sido un día de expectación, alegría y arrepentimiento por mis pecados. En general, un día perfecto.
— Me habría ido con Jesús sin dudarlo ni un segundo. Un día con el Salvador sería sereno, tranquilo, alegre... Me imagino que los discípulos tendrían muchas dudas acerca de la religión, de Jesús, etc. Jesús comería con ellos (como lo hizo con los apóstoles) y les resolvería sus dudas, con parábolas, etc.

Rezamos juntos la primera estrofa del himno a San Juan Bautista :

Profeta de soledades,
labio hiciste de tus iras,
para fustigar mentiras
y para gritar verdades.

martes, 2 de diciembre de 2008

Fra Angélico, La anunciación


— Fra Angelico, La anunciación (tres versiones diferentes)
— Ricardo, Inmaculada

Hay momentos en la vida en que el silencio es la mejor palabra. La anunciación es uno de ellos. María recibe el anuncio del ángel y pronuncia un monosílabo que revolucionará el mundo. Su “sí” es nuestro “sí”. Lo mismo pasa con algunos cuadros. Lo mejor es contemplarlos. Si tienes la suerte de acercarte al Museo del Prado en Madrid, podrás ver éste que te presentamos de Fra Angelico, el famoso dominico pintor del primer renacimiento italiano que hasta fue beatificado por Juan Pablo II en 1982.
Con razón ha sido llamado el pintor de la anunciación, porque éste era uno de sus temas favoritos. Y sus cuadros tienen tal belleza que alguien ha dicho que es como si salieran del paraíso. La versión que ahora contemplas tiene muchos detalles interesantes. El ángel y la virgen son rubios y de blanca tez (¡más belleza imposible), el pórtico recuerda los edificios renacentistas italianos, la bóveda estrellada es el cielo, desde el que el Padre eterno envía su Palabra a la tierra. El rostro de Dios Padre lo puedes ver en el medallón central superior, así como su mano, que envía la luz del Espíritu Santo atravesando la diagonal del cuadro. María tiene las manos cruzadas sobre el pecho en actitud de absoluta disponibilidad. Ha dejado el libro de oraciones que estaba leyendo. Simplemente, ella escucha y asiente. Al fondo están Adán y Eva, expulsados del paraíso... Los Santos Padres, a quienes ya conoces, decían que el nudo de la desobediencia que ató Eva lo desató por la obediencia la Virgen Madre.
Estamos en Adviento, tiempo de espera y esperanza. Nadie como ella, María, para guiarnos. El próximo lunes celebramos su fiesta, la Inmaculada Concepción. María es la belleza de Dios hecha mujer. Fíjate en ella, habla con ella, aprende de ella.

1. Aquí tienes cómo sucedió todo, según nos lo cuenta San Lucas. Fíjate en el cuadro y subraya las palabras o frases o momentos que creas que Fra Angelico expresa mejor con su pintura:

A los seis meses el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo:
—Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntó qué saludo era aquel. El ángel le dijo:
—No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su Padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.
Y María dijo al ángel:
— ¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?
El ángel le contestó:
—El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.
María Contestó:
—Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.
Y el ángel la dejó.



2. Escucha ahora con especial atención esta canción titulada “Inmaculada”.





Escribe aquí la(s) frases que más te guste(n):
— Inmaculada, Reina desde el cielo.
— Eres la toda santa, la madre del Señor.
— Eres la Inmaculada Concepción.
— Inmaculada, Madre, mi consuelo.
— Desde la tierra canto esta canción.
— Levantamos las voces hacia Dios.
— He venido a rogarte, Virgen Blanca.

3. Imagina que estás en el lugar de María y recibes ese anuncio del ángel para una misión imposible ¿Cómo reaccionarías? ¿Qué dirías?
— Depende de la trascendencia que tuviera la misión y la repercusión con mi familia y amigos.
— Me sorprendería mucho y le diría que no.
— Pensaría que es imposible que un ángel me visite y que sería alguna broma de alguien. No diría nada, me reiría de la broma y ya.
— Pues no sabría, pero creo que le pondría muchos “peros”.
— Me sorprendería bastante y no sabría qué decir.
— Le diría que yo no puedo dar a luz a Jesús, que es que también...
— Me sorprendería, y no sabría cómo reaccionar; pero le diría que sí, acpeto a llevarla a cabo.

4. Observa ahora otras dos versiones del mismo tema y el mismo autor. La más ocre es de San Marcos (Venecia), la otra es de Cortona, también en Italia. ¿Qué diferencias observas (personajes, colores, lugares, etc.)? ¿Cuál te gusta más? ¿Por qué?




— Prácticamente no hay diferencia, solamente en los colores. Me gusta más la de Cortona porque tiene colores más vivos.
— En la segunda el cielo refleja la noche.
— En la de San Marcos los colores son más sosos, no se ve al Espíritu Santo, ni la mano de Dios.
— Me gusta más la de Cortona porque es más alegre.
— Me gusta más la de San Marcos porque me parece más real todo, aunque tiene tonos tristones.
— La segunda es más tosca, con colores más pobres y apagados. Con una estética más pobre, a la tercera y a la segunda le faltan Adán y Eva y no está tan bien expresado el envío del Espíritu Santo por parte de Dios. Me gusta más la 1ª porque aunque todas expresan lo mismo, ésta lo hace de forma más alegre y con más vitalidad.
— Todas representan lo mismo. La última tiene más color que la segunda y expresa más el diálogo de la Virgen María con el Ángel. La segunda tiene colores más fríos. Expresa como si la Virgen ya hubiera recibido al Señor en su seno, porque tiene las manos a la altura del vientre. Tanto en la segunda como en la tercera, ya no parece el rayo de luz divina.
4. En su última encíclica, Salvados por la esperanza, el Papa Benedicto XVI ha invocado a María como estrella de la esperanza. Rezamos juntos su oración:

“Santa María, comprendemos el santo temor que te sobrevino cuando el ángel de Dios entró en tu aposento y te dijo que darías a luz a Aquel que era la esperanza de Israel y la esperanza del mundo. Por ti, por tu «sí», la esperanza de milenios debía hacerse realidad, entrar en este mundo y su historia. Tú te has inclinado ante la grandeza de esta misión y has dicho « sí »: « Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra » (Lc 1,38).
Por eso tú permaneces con los discípulos como madre suya, como Madre de la esperanza. Santa María, Madre de Dios, Madre nuestra, enséñanos a creer, esperar y amar contigo. Indícanos el camino hacia su reino. Estrella del mar, brilla sobre nosotros y guíanos en nuestro camino.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Edwar Grieg, La mañana

— Edward Grieg, Musica incidental para Peer Gynt, La mañana (1875)




Ya conoces esta famosa melodía con la que el gran compositor romántico noruego Edward Grieg quiso describir la mañana. En concreto el fragmento que escuchas es el primero de un total de 8 movimientos que componen las dos suites para Peer Gynt, una obra de teatro del dramaturgo noruego Henrik Ibsen. Dicha obra narra las aventuras y desventuras de este héroe, un nuevo Ulises que vive mil y una aventuras y que sólo al final de sus días podrá descansar junto al amor de su vida.
Es la música del amanecer por excelencia. Un solo de flauta expone la archiconocida melodía, que poco después toma el oboe, iniciándose un delicioso diálogo entre ambos, hasta que entra la cuerda para ejecutar el tema con grandiosidad, desarrollándolo por completo. En ese crescendo es como si descubriéramos la imagen majestuosa del solo rojizo elevándose por el horizonte. Finalmente, la trompa repite el tema una vez más, con suavidad, iniciando un lento decrescendo que concluye con el desvanecimiento de las notas en el aire, como si el amanecer se hubiera convertido en manso atardecer sobre las aguas del mar noruego. El único fallo que cometió Greig con este fragmento es que lo compuso para acompañar a Peer Gynt en sus andanzas por el norte de África y, la verdad sea dicha, suena más a noruego que a marroquí...
Amanecer, mañana, crecimiento. ¿Te suena? Esta música te puede servir hoy para que entres hoy dentro de ti mismo y te des cuenta de que estás creciendo. La adolescencia es el amanecer, la mañana de la juventud. ¿Sientes cómo vas creciendo, sientes que vas cambiando? ¿Y sientes a Dios, tan cercano como siempre, que crece contigo? Nadie como Dios te puede comprender, porque también él, Jesús, fue adolescente como tú. Y crecía en sabiduría, en estatura y en gracia (Lc 2,52). Y tú lo mismo.


1. Vuelve al segundo párrafo e intenta seguir la melodía y los diferentes instrumentos. Piensa al mismo tiempo en tu vida. ¿Qué sientes? ¿A qué etapas de tu vida o a qué acontecimientos te recuerdan la flauta o el oboe o las cuerdas o la trompa?
— La alegría de cuando vamos a ver ganar a nuestro equipo de fútbol y también cuando recibimos un examen aprobado. Además, esta música es como si te ayudara a madurar personalmente una persona que te quiere mucho.
— Un amanecer, la entrada de la mañana.
— La música me recuerda a los acontecimientos más sobresalientes de mi vida, pero hay trozos de la melodía que me dan tristeza.
— Me trae recuerdos de la tranquila infancia donde todo era bueno y no había problemas.
— Me recuerda a la etapa de la infancia, un día cualquiera, la rutina de ir al “cole” a encontrarse con los amigos. Ahora lo pienso y digo que qué ilusos éramos. Sin preocupaciones, pasándolo bien. Pero eso ya es pasado y eso es lo que a veces me deprime un poco, el no volver a ver a mis amigos de siempre.
— Siento alegría, la dulzura y la tranquilidad de la vida. Me recuerda a cada vez que he recibido un sacramento de la Iglesia. Me veo cayéndome el agua sobre la cabeza, me veo tomando por primera vez el cuerpo de Cristo y me veo recibiendo el óleo sagrado en mi frente; y pienso en los sacramentos que me quedan por recibir.


2. ¿Notas que vas creciendo, que vas cambiando? ¿En qué? ¿Qué es lo que más te gusta de esta etapa de la adolescencia? ¿Y lo que menos?
— La vida que llevo me parece chachi.
— En todo cambias, mayor responsabilidad y también una maduración en nuestro interior.
— Sí, se marcha una infancia despreocupada e inocente y me embarco a una adolescencia donde aparecen obligaciones, y estudios que llevar a cabo.
— En altura.
— Que crezco, no lo noto, pero que cambio sí.
— Voy creciendo en la vida tanto física como moralmente y a la vez que crezco voy cambiando en todos los aspectos de mi vida.
— Lo que más me gusta es que puedes hacer cosas que no hacías antes y lo que menos es que protestas y discutes mucho con los demás.
— Sí, sobre todo en mi personalidad y en las preguntas que uno se hace durante la adolescencia, en tu futuro, sobre todo.
— Lo que más me gusta es que hay más libertad, y lo que menos es que uno tiene que afrontar sus problemas.

3. Lee el siguiente texto. Es el fragmento final del libro Carta a un adolescente, un auténtico best-seller de un psiquiatra italiano:“Te han engendrado, un acontecimiento tremendo y estupendo porque estás y puedes dar un sentido no sólo a tu vida, sino también a la gran vida del mundo: puede ser mundo.

No te malogres, no te hagas daño porque, haciéndolo, golpeas al mundo entero.
No te perteneces, eres. Estás como está el mundo en torno a ti. Eres misterio, y en el misterio de tu estar quizás vales más de lo que imaginas. Tienes un sentido que va más allá del sentido.
Te confieso que tengo lágrimas en los ojos. No sé por qué, quizás sencillamente para despedirme y abrazarme con una gran emoción.
Hasta pronto
Tuyo
Vittorino Andreoli.

Ahora, escribe aquí tu oración.


— Señor, ayúdame en esta edad en la que me encuentro a ser cuidadoso con los demás y a no preocuparme sólo de mí mismo. También ayúdame a no discutir y a intentar aceptar que las cosas son como son.
— Señor, te pedimos por todos los adolescentes del mundo, para que sepan encontrar su camino, y también por los niños y niñas que sufren las consecuencias de las guerras. El hambre, la desfortuna, la sed, la soledad, la desgracia, propiamente dicha, y un sinfín de desventajas, para que puedan recuperarse y crecer sanamente, disfrutando de su infancia y su juventud, y para que nunca se vuelvan a sentir solos o de algún modo marginados, al ver que muchos no le prestan ayuda. Te lo pedimos, Señor.
— Yo pediría hoy por todos aquellos necesitados y para que se mejoren las cosas de la crisis.
— Señor: Haz que mi vida no carezca de sentido. Ayúdame a encaminarme en esta etapa por el camino de tu Hijo. Que n nuestra vida siempre haya más mejores momentos que malos. Que nunca te abandonemos en los malos y demos gracias en los buenos momentos. A ti, Señor, que lo sabes todo, que siempre nos acompañas, te lo pedimos por intercesión de María, Madre de Dios y Madre nuestro, cuya preciosa memoria veneramos hoy en su advocación de la Medalla Milagrosa. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

martes, 25 de noviembre de 2008

Michael Parcher, Retablo de los Padres de la Iglesia


— Michael Parcher, Retablo de los Padres de la Iglesia (1483)

— Edwar Elgar, Marcha Pompa y circunstancia nº 1,

“Tierra de esperanza y gloria”


Has estudiado ya los Padres de la Iglesia. Bien se merecen estos santos hombres que les demos cabida y homenaje en nuestro proyecto. Así puedes aprender cuáles son los atributos con los que la iconografía les representa, de modo que, en cuanto veas un cuadro o una escultura de alguno de ellos, puedas reconocerlos. Si te fijas, cada uno de estos cuatro que hoy contemplamos llevan su sombreo característico (cardenal, obispo, papa, obispo) y todos ellos están inspirados por el Espíritu Santo que revolotea a su alrededor en forma de paloma (santidad de vida y santidad de los escritos que nos dejaron).
Ya sabes que San Jerónimo no fue cardenal pero sí secretario del papa San Dámaso, el mismo que le encargó la traducción de la Biblia Vulgata. Por eso se le representa vestido de rojo, color que hoy los cardenales siguen utilizando y que recuerda su compromiso radical de dar hasta la vida por la fe. Cuenta la tradición que un día, cuando explicaba la Biblia a algunos de los amigos que con él se retiraron al desierto de Belén, vio llegar a un león que cojeaba. Le extrajo una espina de la pata y lo mantuvo a su servicio, totalmente domesticado. Y ahí veis al león, siempre junto a San Jerónimo.
Si sigues a la derecha verás a San Agustín. Está vestido de negro, color que todavía tiene hoy el hábito de los monjes por él fundados, los agustinos. Fue obispo de Hipona, al norte de África y seguramente conoces la historia del niño que aparece a sus pies. Un buen día paseaba a la orilla del Mediterráneo y nuestro santo meditaba acerca del misterio de la Santísima Trinidad. Se encontró con un niño que se esforzaba en la playa queriendo vaciar el mar con una concha. San Agustín le advirtió que aquella empresa era absurda, a lo que el chaval respondió ni corto ni perezoso: “pues tan insensato es que tú pretendas explicar el misterio de la Santísima Trinidad”. Y en este caso todavía más, porque si miras con atención el cuadro, verás que el niño no tiene una concha sino una cucharita minúscula. Aludiendo a esta leyenda, el escudo del papa Benedicto XVI tiene precisamente una concha en la parte inferior.
También tienes a San Gregorio Magno, sí, el del canto gregoriano. Como fue Papa aparece aquí con la tiara o triple corona que recuerda los tres poderes del romano pontífice (orden, jurisdicción y magisterio). El hombre a quien está ayudando a salir de las llamas es ni más ni menos que el emperador Trajano. Cuenta la leyenda que un buen día que San Gregorio estaba paseando por el foro fundado por Trajano, se acordó del infeliz emperador y oró por su alma a Dios. Su petición fue atendida y éste es el momento que recoge nuestro retablo.
Por último, San Ambrosio, a quien vemos representado con una pluma en cada mano en recuerdo de sus innumerables obras escritas. Su elocuencia queda atestiguada por el niño en la cuna que aparece a sus pies. Sus palabras ya eran miel desde pequeño... Y es que la leyenda cuenta que un día, cuando aún no sabía hablar, estando en el jardín de la residencia de su padre, el prefecto romano de Tréveris, acudió un enjambre de abejas a revolotear por su rostro, y que varias de ellas se deslizaron, sin picarle, en el interior de su boca. Al verlo, exclamó su padre: “Este niño va a ser algo grande”. También recuerda este detalle el hecho de que fue un niño el que gritó: “Ambrosio, obispo” en medio de la asamblea reunida para elegir al nuevo obispo de Milán.
Cuatro grandes hombres que contemplas en este retablo gótico de los Padres de la Iglesia pintado por el alemán Michael Pacher en 1483 para el monasterio de Neustift, cerca de Brixen (Tirol). Y escuchas la música apropiada, esa primera Marcha de “Pompa y circunstancia” que se utilizó en 1902 para la coronación del rey inglés Eduardo VII y que todavía hoy en EEUU se utiliza en las graduaciones escolares. Y es que estos cuatro padres de la Iglesia occidental dieron sus vidas por el Rey eterno y se graduaron en la fe con matrícula de honor.

1. Lee con atención esta ficha y vete fijándote en el cuadro de hoy. Párate en todos los detalles que se te indican.

2. Elige uno de estos cuatro personajes y explica por qué. Ninguno de ellos lo tuvo fácil para ser cristiano: una tarea que les superaba, herejías, divisiones, un imperio que se desmoronaba, etc. ¿Qué te atrae de su vida o su figura?

— Elijo a San Jerónimo, porque la historia con el león es muy interesante: el “rey de la selva” bajo el mandato de un hombre. En la vida real se lo hubiera comido. Lo que demuestra el poder y a la vez la caridad para ayudar a los demás, en este caso a un león salvaje.
— Con San Agustín y con San Ambrosio. Me quedo con ellos dos, porque como ellos yo también siento la necesidad de explicar el por qué de las cosas, y de hacerlo saber, comunicarlo, ya sea oralmente, o a través de los libros (escribiendo). De San Agustín me atrae su lógica y de San Ambrosio su elocuencia y sabiduría.
— San Jerónimo, porque fue valiente al quitar la espina al león y también al domesticarle.
— San Gregorio Magno. Me llama la atención su oración y la fuerza de la oración. Cómo a través de su oración por el emperador consiguió salvar su alma.

2. Sigue con ese personaje. Si pudieras pasar una hora con él, ¿qué haríais, qué le preguntarías, de qué hablarías? Intenta plasmar aquí esa conversación.
— Le enseñaría cómo es el mundo actualmente.
— Le preguntaría por qué daría su vida por dios, a ver si merecería la pena en nuestros días.
— Le haría muchas cuestiones de la fe, puesto que tengo bastantes dudas. Y le diría que me contase cómo fue su vida de cristiano, a pesar de las persecuciones.
— Le preguntaría que cómo se podría ser santo en esa época tan difícil.
— ¿Cómo podría hacer que las personas de hoy en día vivan de acuerdo con la fe? Además, ¿podría él ayudarme a madurar en la fe?
— Le preguntaría por el camino que ha seguido para encontrarse con Dios.


3. Escribe aquí ahora tu oración.
— Dios, haz que mediante la intercesión de San Jerónimo podamos madurar en la fe y llevar un papel importante en la Iglesia.
— Dios Padre, te pido por todos aquellos que no creen en ti; ayúdalos a creer para que tengan una vida mejor.
— Señor, te doy gracias por estos cuatro hombres, por todos los que han hecho algo por la Iglesia y no están tan reconocidos como ellos y te pido que siga habiendo hombres con esta tarea para que todos podamos vivir en un mismo mundo en comunión a la fe cristiana. Amén.
— Señor Jesús: Haznos más perseverantes en la oración como lo fue San Gregorio Magno, para que a través de la oración podamos descubrirte vivo entre nosotros y ayudándonos y escuchándonos en todo momento. Te lo pido por intercesión de María, reina de todos los santos. Amén.
— Buenos días, Señor. Hoy, en esta mañana me reúno contigo para que me des fuerzas para afrontar este nuevo día. También por los que no creen en ti. Señor, Dios nuestro, ayúdanos en las dificultades del día. Ayúdanos a amarnos unos a otros y a dar testimonio de nuestra fe. Amén.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Nicolás Poussin, Santa Cecilia


— Cuadro atribuido tribuido a Nicolás Poussin, Santa Cecilia

— G. F. Händel, Oda para el día de Santa Cecilia, Coro from Hamony to heavenly harmony (1736).



En nuestro Proyecto
evangeliz.@arte no podíamos olvidarnos de la patrona de la música, Santa Cecilia. Fue el papa Gregorio XII en 1594 quien le otorgó ese título. Cada 22 de noviembre se celebra su fiesta y se organizan en su honor conciertos extraordinarios. Geniales compositores como el maestro Joaquín Rodrigo —uno de los grandes de la música culta española del siglo XX— nacieron este día. Es el día internacional de la música.
Santa Cecilia fue una mártir romana del siglo II a quien se suele atribuir erróneamente la invención del órgano. Y todo por una mala traducción del latín... En efecto, en las actas de su martirio se lee cantatibus organis, cuando la expresión original era candentibus organis. No era tanto que Cecilia cantará acompañando su voz con el órgano (cantatibus organis), cuanto que las herramientas de tortura, hierro candente, estaban siendo preparadas (candentibus organis). En cualquier caso, lo que si recoge el relato es que en el momento más difícil de su vida, Cecilia elevó su corazón a Dios cantando, por lo que tampoco está de más que sea patrona de la música, ¿no?
Vas a escuchar un fragmento de la Oda para el día de Santa Cecilia, del gran compositor Händel. Este compositor barroco quiso musicalizar la “Oda para el día de Santa Cecilia” que el poeta inglés John Dryden había compuesto en 1687. En concreto escuchas la segunda parte de la obra, el coro. Puedes reconocer el bajo continuo y los instrumentos de cuerda, tan típicos de esta época, así como cuatro voces diferentes (soprano contralto, tenor y bajo). Todo ello da sensación de alegría, de plenitud, de universalidad.
Fíjate ahora en el cuadro de hoy. Aúna los elementos clásicos del Renacimiento con el contraste de colores y el claroscuro que ya anuncian el barroco. El autor representa a Santa Cecilia tocando un instrumento de teclado, posiblemente un clavicordio. Delante de ella, dos ángeles sostienen la partitura. Sobre la santa, un amorcillo (así se llaman estos angelillos típicos de los cuadros del renacimiento) levanta una cortina. Hay otros dos ángeles al fondo que están cantando. La columna recuerda la época en que vivió la santa. El predominio de tonos cálidos (rojo, amarillo, ocres) provoca un ambiente muy familiar.


1. Lee ahora la historia de Santa Cecilia.

“Según las Actas de su martirio, Cecilia había sido una virgen de una familia senatorial romana de los Metelos, que se había convertido al cristianismo desde su infancia. Sus padres la dieron en matrimonio a un noble joven pagano, Valerius («Valeriano»). Cuando, tras la celebración del matrimonio, la pareja se había retirado a la cámara nupcial, Cecilia dijo a Valeriano que ella había entregado su virginidad a Dios y que un ángel celosamente guardaba su cuerpo; por consiguiente, Valeriano debía tener el cuidado de no violar su virginidad. Valeriano pidió ver al ángel, después de lo cual Cecilia lo envió junto a la tercera piedra miliaria de la Vía Apia dónde debía encontrarse con el papa Urbano I.
El diálogo, según la tradición, transcurrió así:

Cecilia:
Tengo que comunicarte un secreto. Has de saber que un ángel del Señor vela por mí. Si me tocas como si fuera yo tu esposa, el ángel se enfurecerá y tú sufrirás las consecuencias; en cambio si me respetas, el ángel te amará como me ama a mí.
Valeriano:
Muéstramelo. Si es realmente un ángel de Dios, haré lo que me pides.
Cecilia:
Si crees en el Dios vivo y verdadero y recibes el agua del bautismo verás al ángel.

Valeriano obedeció y fue al encuentro de Urbano, el papa lo bautizó y Valeriano regresó como cristiano ante Cecilia. Entonces se apareció un ángel a los dos y los coronó como esposos con rosas y azucenas. Cuando Tiburcio, el hermano de Valeriano, se acercó a ellos, también fue convertido al cristianismo y a partir de entonces vivió con ellos en la misma casa, en completa pureza.
El prefecto Turcio Almaquio condenó a ambos hermanos a la muerte. El funcionario del prefecto, Máximo, fue designado para ejecutar la sentencia. Pero se convirtió al cristianismo y sufrió el martirio con los dos hermanos. Cecilia enterró sus restos en una tumba cristiana. Luego la propia Cecilia fue buscada por los funcionarios del prefecto. Fue condenada a morir ahogada en el baño de su propia casa. Como sobrevivió, la pusieron en un recipiente con agua hirviendo, pero también permaneció ilesa en el ardiente cuarto. Por eso el prefecto decidió que la decapitaran allí mismo. El ejecutor dejó caer su espada tres veces pero no pudo separar la cabeza del tronco. Huyó, dejando a la virgen bañada en su propia sangre. Cecilia vivió tres días más, dio limosnas a los pobres y dispuso que después de su muerte su casa debía dedicarse como templo. El obispo Urbano la enterró en la catacumba de Calisto, donde se sepultaban los obispos y los confesores” (© Enciclopedia católica). Su nombre se añadió al de todos los mártires que se recuerdan en el canon de la misa.

¿Qué opinas?
— Creo que esta historia es una leyenda, que tiene una parte de verdad y la otra inventada.
— Que fue una mujer muy fuerte al convertir a muchos al cristianismo.
— Que fue muy valiente aceptando a Dios.
— Es una historia un tanto dura y a la vez misteriosa.


2. Intenta seguir la letra de la audición.

Texto original y traducción de la Oda para el día de Santa Cecilia.

From harmony, from heavenly harmony,
This universal frame began.
Through all the compass of the notes it ran,
The diapason closing full in man.

Desde la armonía, desde la armonía del cielo,
este marco universal (=la música) comenzó.
A través de todas las notas corrió
y hasta que llegó al hombre no se completó.

¿Qué es para ti la música? ¿En qué sentido crees que puede acercarnos a Dios?
— Despertador de sentimientos.
— La música es un entretenimiento pero también un medio pro el cual podemos orar y comunicarnos espiritualmente con Dios, alabándolo, piediendo algo o para dar gracias.
— La música es como una medicina para mí, porque cuando estoy nervioso o enfadado la música me anima.
— Es la mejor manera de expresar tus sentimientos. Es una herramienta útil para tu vida.
— Es la representación de sentimientos con instrumentos. En que se relaciona con lo divino y con los ángeles.

3. Escribe aquí ahora tu oración
— (Padrenuestro) à resume todo muy bien.
— Dios, muchas gracias por la música y por todo lo que has hecho.
— Que a través de la música nos acerquemos a ti, Señor.
— Te ruego, Señor, que acaben las guerras y que no le pase a nadie lo que le pasó a Santa Cecilia, protege a los misioneros.
— Señor, ten piedad de nosotros y guárdanos del mal, con la comunión de todos los mártires, y en especial, con Santa Cecilia. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


jueves, 13 de noviembre de 2008

Marco Frisina, El camino de los mártires


— Marco Frisina, La via dei martiri (2000).



“La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos” (Tertuliano”. Ya conoces esta frase y ha has estudiado cómo la Iglesia de los primeros siglos, en la época de las persecuciones, fue una Iglesia de mártires. Y nuestra Iglesia del siglo XXI lo sigue siendo. El año pasado 21 cristianos, hombres y mujeres, sacerdotes, religiosos y religiosas o laicos, murieron por su fe en Cristo.
“Mártir” es una palabra griega que significa “testigo”. Hace dos años, en un encuentro de jóvenes de la diócesis de Zamora, una chica preguntó a D. Gregorio cómo teníamos que ser los jóvenes cristianos. El obispo dijo unas palabras y, al terminar, ella puntualizó: “ah, entonces, lo que se nos pide es que seamos mártires”. Se hizo entonces un silencio denso y fuerte, porque todos comprendimos la verdad de aquellas palabras...
Si te acercas a Roma seguramente no dejarás de visitar el Panteón, ese templo circular pagano que hoy es una basílica cristiana dedicada precisamente a Santa María de los mártires. Y si paseas por el río de la ciudad y te acercas a la isla tiberina, encontrarás la Iglesia de San Bartolomé, en cuyas capillas la Comunidad de San Egidio —un grupo de cristianos que trabajan por la paz en el mundo— han querido recordar a los mártires del siglo XX por las persecuciones religiosas (Rusia, México, España, etc.).Vas a escuchar una obra titulada “El camino de los mártires”. Está compuesta por un sacerdote italiano, Marco Frisina, que es el director del coro de la diócesis de Roma, autor por tanto de gran parte de la música litúrgica que se escucha y canta en las grandes celebraciones de la Iglesia. Este fragmento fue compuesto para la XV Jornada Mundial de la Juventud, la que celebraba el gran jubileo en Roma por el 2000 cumpleaños de Jesucristo. La mezcla de voces e instrumentos recuerda el paso del sufrimiento a la cruz, al martirio y a la gloria. Es el camino que los mártires hacían hasta el coliseo, el camino, la vía que a cada uno se nos invita a recorrer.

«Andrea Santoro fue un sacerdote católico asesinado el 5 de febrero de 2006 en la Iglesia de Santa María en Trabzon, Turquía,
donde sirvió como miembro del programa misionero "Fieles a la Iglesia". Un estudiante de 16 años fue arrestado dos días después llevando una pistola 9mm. El estudiante dijo a la policía que había sido influido por la controversia de las caricaturas de Mahoma.
El padre Santoro había sido ordenado en Roma
en 1970, y llevababa en Turquía desde el año 2000
. Allí promovía el diálogo entre cristianos y musulmanes.
En el funeral de Santoro en la Basílica de San Juan de Letrán, el Cardenal Camillo Ruini
, vicario general para la diócesis de Roma, mencionó en su homilía que es posible que el proceso de beatificación de Santoro se abra después de febrero de 2011» (© Wikipedia).
Este sacerdote invitó al Papa a ir a Turquía a visitar su pequeñísima comunidad y le envió una carta de tres mujeres de esa comunidad y una suya para hacerle esta invitación. En su carta recuerda su reciente estancia en Roma Aquí tienes algunos párrafos de su mismo puño y letra.

1. Mientras escuchas la música, lee los fragmentos de la carta de Andrea Santoro que tienes aquí. Subraya aquella frase que más te llame la atención. El subrayado aparece en este post en letra cursiva:

Queridísimos:
Deseo comenzar con las cosas buenas, porque es justo alabar a Dios cuando hay serenidad, y no sólo invocar el sol cuando hay lluvia. Además es justo ver la brizna de hierba verde también cuando estamos atravesando una estepa.
Un viernes, en la iglesia, un grupo de chavales había sido particularmente maleducado e insolente. Otros tres, mayores, lo presenciaban de lejos. Al final me pidieron hablar. Con mucha educación me hicieron todo tipo de preguntas, escuchando con respeto mis respuestas y planteando con cortesía sus objeciones. Nos despedimos. A la mañana siguiente un joven llamó: reconocí a uno de aquellos tres. Me dio bombones: «Padre, acepte mi regalo. Le pido excusas por esos chavales maleducados de ayer».
El camino por delante es largo y no fácil. Dos errores creo que hay que evitar: pensar que no es posible la convivencia entre hombres de religión distinta, o bien creer que es posible sólo infravalorando o dejando de lado los problemas reales, dejando aparte los puntos en los que el chirrido es mayor, ya tengan que ver con la vida pública o privada, las libertades individuales o las comunitarias, la conciencia individual o la disposición jurídica de los Estados.
La riqueza de Oriente Medio no es el petróleo, sino su tejido religioso, su alma empapada de fe, su ser «tierra santa» para judíos, cristianos y musulmanes, su pasado marcado por la «revelación» de Dios, además de una altísima civilización. Incluso la complejidad de Oriente Medio no está ligada al petróleo o a su posición estratégica, sino a su alma religiosa. Decía San Juan Crisóstomo: Cristo apacienta corderos, no lobos. Si nos hacemos corderos venceremos, si nos hacemos lobos perderemos. No es fácil, como tampoco lo es la cruz de Cristo siempre tentada por la fascinación de la espada. ¿Habrá quien quiera regalar al mundo la presencia de «este» Cristo? ¿Habrá quien quiera estar presente en este mundo de Oriente Medio sencillamente como «cristiano», «sal» en la comida, «levadura» en la masa, «luz» en la estancia, «ventana» entre muros levantados, «puente» entre orillas opuestas, «ofrecimiento» de reconciliación? Hay muchos, pero se necesitan muchos más. La mía es una invitación además de una reflexión. ¡Venid!
Doy gracias a Dios por cuantos han abierto su corazón. Pero que esté aún más abierto y sea aún más valiente. Que la mente esté abierta a entender, el alma a amar, la voluntad a decir «sí» a la llamada. Abiertos también cuando el Señor nos guía por senderos de dolor y nos hace saborear más la estepa que las briznas de hierba. El dolor vivido con abandono y la estepa atravesada con amor se convierte en cátedra de sabiduría, fuente de riqueza, seno de fecundidad. Estaremos en contacto. Unidos en la oración os saludo con afecto. Podéis escribir vuestros pensamientos, hacer vuestras preguntas, expresar vuestras propuestas. Juntos se sirve mejor al Señor.

Don Andrea

Roma-Trebisonda, 22 enero 2006


2. ¿Estarías dispuesto a ser mártir? ¿Y a ser testigo? ¿Por qué?
— Sí, si el Señor lo tiene preparado, debo defender los valores de la fe.
— Sí, aunque mártir es lo mismo que testigo. Por qué no.
— ¿Ser mártir? Pues seguramente no estaría dispuesto. Hay tantas cosas que hacer en este mundo, como para dejar este mundo,
— Testigo sí, porque no me da vergüenza expresar que soy cristiano, sin embargo, dudo que pudiera o incluso quisiera ser mártir, porque no creo que estuviese dispuesto a perder la vida, aunque no lo sé.
¿Cómo podrías hacerlo?
— Testigo ya somos, la cuestión es que demos testimonio de lo que sabemos pero en ocasiones nos lo callamos
— Estando en el lugar a la hora adecuada.
— Dando testimonio de mi fe a los que me rodean.


3. ¿Te da vergüenza hablar de Jesucristo o que se sepa que eres cristiano, que vas a misa, que estás en el Seminario? ¿Por qué? En caso de que así sea, ¿cómo podrías cambiar esta situación? ¿qué necesitarías?
— Bastante apuro. Que soy cristiano no me avergüenza, pero hablar de Jesucristo o que voy a misa me condiciona mucho. No soy responsable de mis acciones puesto que actúo bajo miedo e incluso en algunas ocasiones bajo coacción.
— No, a nadie le debería dar vergüenza reconocer lo que es y lo que hace sabiendo que lo hace bien.
— A mí no me da vergüenza el ser cristiano. A veces sí me da vergüenza hablar de Jesucristo y me callo.
— No me da vergüenza pero en el ambiente en el que estoy no se habla de ese tema. — No, ya que soy cristiano, y como tal voy a misa; y como he querido, voy a un Seminario, por mi propia voluntad y por tanto no debo avergonzarme de ello.
4. Recuerda
que
Pedro
también
negó
a
Jesús.
¡Y no una sola vez!
¡Pídele
a
Jesús
la
fuerza
para
ser
sutestigo!

martes, 11 de noviembre de 2008

San Martin de Tours

El Greco, San Martín y el Mendigo (1537)



Marko Rupnik
y
equipo
del Centro Aletti,
Mosaicos
de
la
Iglesia
de
San Martín
(2005)


San Martín de Tours (316-397) nació en Panonia, en la actual Hungría y fue testigo excepcional de la Iglesia del siglo Iv de nuestra era. Su biógrafo, Sulpicio Severo, pregonó a los cuatro vientos sus virtudes y así es como su fama se extendió por todo Occidente. De hecho, es el primer santo venerado sin haber sido mártir.
Era catecúmeno, es decir, se estaba preparando para recibir el bautismo. Su padre, un tribuno romano, deseoso de alejarlo del cristianismo le obliga a alistarse en el ejército romano. A los veinticinco años de servicio militar, mientras está de maniobras en Amiens (Francia), sucede algo que trastorna y transforma su vida: el encuentro con Cristo.
Aquel día de invierno, el joven soldado se encontró con un mendigo helado de frío al que Martín cubre con la mitad de su capa. Martín reconoce en aquel pobre hombre al mismo Cristo, según la identificación entre él y la humanidad que el Señor mismo nos ha recordado: “cada vez que habéis hecho estas cosas a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis”. Es lo que Madre Teresa de Calcuta llamaba el evangelio en cinco dedos: “You did it to me” = “a-mí-me-lo-hicisteis”.
Las noches siguientes Martín ve en sueños a Cristo mismo que se le aparece revestido del manto que dio al pobre y pronuncia estas palabras: “Martín, catecúmeno, me has cubierto con este vestido”. Martín deja el ejército y se hace monje. Posteriormente será elegido obispo de Tours, en una época complicada a causa de la pobreza generalizada, la inseguridad ciudadana y las herejías .Su vida será para siempre ejemplo de comunión fraterna, comunión de bienes, oración común y predicación.
Martín, soldado de Cristo. La audición que vas a escuchar sabe también de esfuerzo y superación. Es el tema inicial de la película Carros de fuego. El argumento gira en torno al equipo británico de atletas que participará en la VIII Olimpiada, especialmente dos de ellos: un judío arrogante pero noble y un joven cristiano que piensa marchar a China como misionero y decide no participar en alguna de las carreras por celebrarse éstas en domingo (“cuando corro, siento que Dios se complace). La música mezcla el sonido principal del piano con los sintetizadores de fondo y acompaña una carrera por la playa a cámara lenta.
La vida de nuestros pueblos y de las labores siempre han seguido el ritmo del año litúrgico de los santos. A la matanza le viene bien el frío de este santo y de ahí que a “todo cerdo le llega su San Martín”.

1. Contempla el cuadro del Greco que narra la escena más famosa de la vida de San Martín, su encuentro con Cristo-mendigo. Los tonos son fríos (azules verdes, negros) como corresponde al invierno. Observa la diagonal en las figuras y el contraste entre los ricos ropajes del soldado y la desnudez del pobre, así como la espada desenvainada para cortar el manto por la mitad. Piensa en tu vida, en ti mismo.
¿Qué estarías tú dispuesto a dar a Cristo?

— Todo lo que pueda
— El esfuerzo de mi estudio.
— No lo sé, supongo que ya lo iré descubriendo a lo largo de mi vida.
— Por Cristo todos deberíamos dar la vida como él la dio por todos y cada uno de nosotros; aunque en un momento dado no sé si sería capaz de darla.
— A Cristo le daría hasta una rebanada de paz, aunque fuese sólo eso lo que tuviera.

¿Qué estarías dispuesto a compartir con los demás?
— Lo que me sobra a mí.
— Compartir mi tiempo con los demás.
— Compartir momentos inolvidables.
— Creo que con todos compartiría a Cristo, esa alegría que transmite.


2. Céntrate ahora en la música. ¿Qué sentimientos te transmite? ¿Qué piensas? ¿Qué imaginas? Trata de escribirlo:


— Vangelis, Tema principal de la BSO de Carros de fuego




— Sentimientos de esperanza. Dos personas corren en la playa, cada una de un extremo hasta encontrarse.
— Alegría. Pienso en algo bueno que sucede. Me imagino un momento especial en la vida, algo que me sucedió.
— Me imagino la llegada de un atleta a la línea de meta en unas olimpiadas.
— Transmite una tranquilidad apetecible. Pienso en las oportunidades que nos da la vida y cómo cuando estamos a punto de conseguir algo gracias al Señor lo podemos conseguir.
— Te da tranquilidad, porque es pausada; seguridad. Me imagino a una persona que nace, que es capaz de superarse y que pone ilusión en su vida.

3. Vamos a contemplar ahora el mosaico de la Iglesia de San Martín en Fondi, una ciudad de 30 000 habitantes al norte de Italia. Representa a Cristo resucitado cubre con su manto de gloria y santidad a Martín, quien generosamente ha cubierto con su manto de soldado a aquel mendigo. Mientras van pasando las imágenes, ¿se te ocurre alguna frase que resuma la escena? ¿Recuerdas alguna palabra de Jesús o alguna otra cita o situación o escena del evangelio que “pegue” con esta historia?
— “Cada vez que le hacéis algo a nuestros hermanos me lo hacéis a mí” (JHS).
— Me sugiere un poco a las bodas de Caná.
— Generosidad, sin esperar a recibir nada a cambio.
— San Martín ha descubierto su vocación: “Yo estaba desnudo y me vestiste”.
— “Hay más dicha en dar que en recibir”.


4. San Martín tiene tres brazos, porque el amor siempre multiplica las fuerzas. ¿En qué dimensión de tu vida tendrías que poner más amor? ¿a quién o a quiénes?
— Con los compañeros, porque aunque paso mucho tiempo con ellos, no les hago mucho caso.
— Sin duda en la relación con los demás. Creo que hay muchos que no nos tratamos como debiéramos.
— Familia.
— En todo lo que hacemos y nos gusta y aunque no nos gusta, también debemos hacerlo. A todos porque todos son nuestros hermanos.

Martín,
soldado de Cristo,
ayúdanos a encontrarnos con Cristo
y luchar siempre
contra la injusticia.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Oh when the saints!


— “Oh when the saints”, negro espiritual, interpretado por Louis Armstrong





— “Oh when the saints”, negro espiritual, interpretado por Bruce Springsteen





¿Quién no ha escuchado alguna vez esta famosa canción? Una melodía alegre, festiva y vitalista, que expresa muy bien ese deseo de “ir al cielo”, de disfrutar de esa vida plena y feliz que Dios nos tiene reservada por toda la eternidad. Está compuesta en forma de respuesta – propuesta, por lo que es muy participativa y sirve para recordarnos que en el cielo ¡no estaremos solos! Esta canción es “apocalíptica”, porque su letra está basada en el último libro de la Biblia, pero excluyendo las duras referencias al Juicio Final. Las referencias al sol y a la luna se refieren a los eclipses, mientras que la trompeta es la del arcángel Gabriel, que anuncia la llegada del Juicio de Dios; la trompeta es uno de los instrumentos estrella del jazz y la escucharás también en la grabación.
Esta canción es un “espiritual negro”, uno de esos cantos tradicionales que los esclavos negros de los USA utilizaban para expresar su fe. Lo escuchas en la versión jazz que popularizó Louis Armsntrong, posiblemente la voz más expresiva que jamás haya conocido el mundo. El jazz nació en Nueva Orleáns y desde allí se extendió por todos los Estados Unidos como una música popular y propia. En concreto, esta canción pertenece al género jazz funeral, y es muy utilizada en los funerales estadounidenses pues expresa muy bien ese deseo de “ir al cielo”, presentando a los santos como un cortejo al que el/la difunto/a puede unirse.
Se han hecho muchas versiones de este canto tradicional. Y también la liturgia de España lo ha hecho suyo, pero refiriéndolo a la resurrección de Cristo. Aquí tienes el estribillo: “Hoy el Señor resucitó y de la muerte nos salvó; alegría y paz, hermanos, que el Señor resucitó”.


1. Tras escuchar esta versión de Louis Armstrong, trata de responder. ¿Cómo te imaginas tú el cielo? ¿Cómo es para ti la vida eterna?
—Un lugar en el que todo es amor, alegría y paz. Y todos vivimos en comunión.
—No sé, no puedo imaginármelo.
—Animado y musical.
—Un lugar donde toda la gente es feliz y donde nos podemos encontrar con nuestros difuntos y con el Padre y el Hijo. La vida eterna para mí es un regalo que Dios nos da y que no podemos desaprovechar.
—La vida eterna la veo como un tiempo para hacer en el cielo lo que no he podido hacer en la tierra.


2. ¿Tienes algún santo al que aprecies especialmente, al que le tengas cariño y devoción? ¿Quién o quiénes? ¿Por qué?
—No, creo que todos los santos son iguales.
—En especial no, pero me llama la atención san José.
—No, pero tengo ganas de que llegue el día de san Juan Bautista, xq son las fiestas de mi pueblo.
—Sí, san Lorenzo. Porque me parece interesante y además era un hombre muy profundo. Lo demostró cuando fue martirizado en la parrilla.
—Sí, san Pablo, porque además de tener mi nombre él fue una de las personas más importantes en la Iglesia.


3. Escucha ahora la versión de Bruce Sprignsteen, más sentida y espiritual (¿reconoces el sonido del órgano?) Trata de seguir la canción con el texto en inglés ¿Qué frase te gusta más o te ha llamado especialmente la intención? ¿Por qué? ¿Te recuerda alguien en especial?
—¡Todos nos reuniremos! XD, xq es muy bonito. Me recuerda a mi familia cuando estemos juntos en el cielo.
—"And some say that this world of troubleIs the only one we'll ever seeBut I'm waiting for that morningWhen the new world is revealed". Me recuerda las horas, días, meses que pasó mi abuela en hospital hasta que se murió.
—"And some say that this world of trouble", porque representa la sociedad actual.
—Cuando los santos vayan marchando, querer estar entre ellos, porque tiene que ser muy bonito.


Aqui tienes la letra original de esta famosa canción y su traducción al castellano:

We are all trav'ling in the footsteps
Of those that've gone before
We'll all be reunited
On that new and sunlit shore

When the saints marching in
When the saints go marching in
Lord, how I want be in that number
When the saints go marching in

And when the sun refuses to shine
When the sun refuses to shine
Lord, how I want to be in that number
When the saints go marching in

Oh when the saints go marching in...

And when the trumpet sounds its call
When the trumpet sounds its call
Lord, how I want to be in that number
When the trumpet sounds its call

When the saints go marching in

And some say that this world of trouble
Is the only one we'll ever see
But I'm waiting for that morning
When the new world is revealed

Oh when the moon turns red with blood
Oh when the moon turns red with blood
Lord, how I want to be in that number
When the moon turns red with blood

When the saints... (forma de respuesta)

When the saints... (forma de respuesta)

Lord, how I want (Lord, how I want)

be in that number (to be in that number)

When the saints (when the saints)

go marching in (go marching in)

--- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- --- ---

Todos caminamos siguiendo las pisadas
de aquellos que se han ido antes que nosotros.
Todos nos reuniremos
En aquella nueva y soleada orilla.

Cuando los santos marchen (desfilando),
cuando los santos vayan marchando,
Señor, cómo quisiera estar entre ellos,
cuando los santos vayan marchando.

Y cuando el sol no quiera brillar,
Cuando el sol no quiera brillar,
Señor, cómo quisiera estar entre ellos,
cuando los santos vayan marchando.

Oh, cuando los santos vayan marchando...

Y cuando la trompeta haga resonar su llamada,
cuando la trompeta haga resonar su llamada,
Señor, cómo quisiera estar entre ellos,
cuando la trompeta haga resonar su llamada.

Cuando los santos vayan marchando...

Y algunos dicen que este mundo complicado
es el único que jamás conoceremos,
pero yo espero aquella mañana
en la que se nos muestre el nuevo mundo

Oh, cuando la luna se vuelva roja de sangre,
Cuando la luna se vuelva roja de sangre,
Señor, cómo quisiera estar entre ellos,
cuando la luna se vuelva roja de sangre.

Cuando los santos vayan marchando...

Cuando los santos vayan marchando...

Señor, como quisiera (Señor, como quisiera)
Estar entre ellos (estar entre ellos)
Cuando los santos (cuando los santos)
vayan marchando (vayan marchando).