Fueron a una finca, que llaman Getsemaní y dijo a sus discípulos
— Sentaos aquí mientras voy a orar.
Se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, empezó a sentir terror y angustia, y les dijo:
— Me muero de tristeza: quedaos aquí velando.
Y, adelantándose un poco, se postró en tierra pidiendo que, si era posible, se alejase de él aquella hora; y dijo:
— ¡Abba! (Padre): tú lo puedes todo, aparta de mí ese cáliz. Pero no lo que yo quiero, sino lo que tú quiere
Volvió, y al encontrarlos dormidos, dijo a Pedro:
— Simón, ¿duermes?, ¿no has podido velar ni una hora? Velad y orad, para no caer en la tentación; el espíritu es decidido, pero la carne es débil.
De nuevo se apartó y oraba repitiendo las mismas palabra Volvió, y los encontró otra vez dormidos, porque tenían los ojos cargado Y no sabían qué contestarle. Volvió y les dijo:
— Ya podéis dormir y descansar. ¡Basta! Ha llegado la hora; mirad que el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega.
— Siento impotencia, incomprensión. Un amor no devuelto como se mereciera. Jesús siente miedo, pero los discípulos parecen ignorar el momento. Éste se vale de imágenes, señales; pero carecen de importancia para los discípulos. Llegó la Hora.
— No se dan cuenta de lo que han perdido hasta que ya es tarde.
— Yo creo que hubiera hecho lo mismo que Santiago y Juan en ese momento.

2. Del evangelio según San Marcos
Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: EL REY DE LOS JUDIOS. Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. Así se cumplió la Escritura que dice: «Lo consideraron como un malhechor.»
Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo:
— ¡Anda!, tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz.
Los sumos sacerdotes, se burlaban también de él diciendo:
— A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos.
También los que estaban crucificados con él lo insultaban. Al llegar el mediodía toda la región quedó en tinieblas hasta la media tarde. Y a la media tarde, Jesús clamó con voz potente:
— Eloí Eloí lamá sabactaní. (Que significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?)
Algunos de los presentes, al oírlo, decían:
— Mira, está llamando a Elías.
Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber diciendo:
— Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo.
Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró.
— Otra vez el Señor incomprendido. Esta vez por los otros dos crucificados y por aquellos que lo insultaban a su paso. Lo etiquetaron de malhechor.
— La mayoría tiende a lo erróneo.
— En el segundo cuadro me veo en la tarde de tinieblas, veo cómo todos insultan a Jesús y me siento triste, triste porque tengo miedo de ayudar a Jes´´us porque me podrían matar a mí también, no lo puedo hacer; Jesús me mira y me siento como mejor que antes.

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:
— Mujer, ahí tienes a tu hijo.
Luego, dijo al discípulo:
— Ahí tienes a tu madre.
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.
— Jesús da el amor que le queda con su Madre y Juan. A pesar de o sufrido tine fuerzas para decírselo al discípulo amado.
— Me impresionaría mucho si yo estuviera en el lugar del discípulo al decirle: “ahí está tu madre”.
— En el último cuadro me veo como Juan y Jesús me habla; cuando termina por un aparte me siento bien (porque soy acogido en su casa) y por otra mal porque sé que Jesús va a morir, pero todos sabemos que resucitará.
— Mira que somos malos; nos vienes a salvar y nosotros te matamos. Qué inteligentes. Y, ¿qué muerte?, porque te hicimos casi de todo, vamos que podrías no haber llegado ni siquiera a la cruz, pero tú quisiste llegar , par que se cumpliera la Escritura y creyéramos. Después de todo, mal agradecidos.
Claro que de todas formas es imposible que Dios haya enviado a su Hijo para que muera en la tierra, algún plan, algo tiene que tener preparado para que dentro de poco todo vuelva a ser como antes o mejor. En realidad, Jesús no ha muerto, sólo se ha alejado de nosotros, pero donde quiera que ahora esté nos va a seguir ayudando en la tarea que él mismo nos encomendó. Todos vivimos según Dios quiera y gracias a él.











